San Gabriel de María Dolorosa

Ilusiones de un joven

Una vida breve, veinticuatro años. Un joven, lleno de ilusiones y camino del sacerdocio, vio su existencia truncada por la tuberculosis, incurable a mediados del siglo XIX. Su biografía podría haber sido la de tantos jóvenes románticos de la época: afición por la literatura de moda, presencia en los salones de baile y en los teatros de la ópera, trajes elegantes e intercambio de miradas con jovencitas de buena familia. No por casualidad era conocido como Il ballerinoo Il damerino elegante. El joven Possenti tenía todo lo que muchos estimarían necesario para ser feliz, sobre todo si se piensa que la felicidad es sólo para unos pocos: los happy few, a los que dedicaba sus novelas Stendhal, autor casi contemporáneo del que luego sería San Gabriel.Su padre era gobernador de los Estados Pontificios, un católico que gozaba de la confianza del Romano Pontífice. Prestigio, alcurnia y grandes expectativas para desarrollar una brillante carrera tanto política como social. Todo estaba al alcance del hijo del gobernador, podía vivir una vida sin complicaciones en la ciudad de Spoleto. Sin embargo, su lugar natal era Asís, en el bautismo le había sido impuesto el nombre de Francisco e incluso su admisión en el seno de la Iglesia había tenido por escenario la catedral de San Rufino, lugar donde también fuera bautizado siete siglos antes Giovanni Bernardone, conocido más tarde como Francisco de Asís. Al igual que su santo patrón, Francisco Possenti estaba destinado para vivir a la sombra de su padre, sobre todo tras haber perdido a su madre cuando tan sólo tenía cuatro años.
Los designios de Dios, en cambio, no fueron ésos. En medio de una atmósfera en la que se mezclaban frivolidad e inocencia, Francisco se sentía atraído por las cosas de Dios. Cuando iba al teatro, su mirada y sus pasos se encaminaban hacia la iglesia. Además acontecimientos luctuosos familiares como la muerte de una de sus hermanas, le recordaban que en la vida no todo son miel y rosas. Y así llegó el 22 de agosto de 1856, un día en que la Virgen salía en procesión por las calles de Spoleto. Aquel día creyó escuchar en su interior estas palabras al paso de la imagen: ¿Todavía no comprendes que esta vida no está hecha para ti? Sigue tu vocación. A sus dieciocho años y medio, el joven elegía una vida religiosa e ingresaba en un noviciado de los pasionistas. Cambiaba además su nombre por el de Gabriel de María Dolorosa, un rasgo de su devoción a la Madre que le había mostrado cuál era la voluntad de Dios para él.
La voluntad de Dios no pasaba porque Gabriel llegara a ser sacerdote. Como otros santos, se queda en el noviciado. Su constitución, débil y enfermiza, unida a una vida de privaciones y sacrificios por amor de Dios, favorece la aparición de una tuberculosis que pone fin a su existencia terrena en 1863. Es una vida corta pero intensa. Y es que san Gabriel nos ha dejado un consejo, puesto en práctica por otros santos: buscar a Dios en las cosas pequeñas de la existencia diaria. ¿Qué es lo más importante? Lo que tenemos que hacer en cada momento. Esto explica que Gabriel, ante la pregunta de un compañero de noviciado sobre lo que haría si Dios le diera a conocer el día y la hora de su muerte, respondiera que haría lo que fuera su obligación en ese momento, aunque esa obligación fuera comer o dormir. Lo realmente importante es hacer la voluntad de Dios en cada instante, y esa voluntad pasará por las cosas ordinarias. Como en el caso de otros santos que murieron jóvenes y escogieron una vida religiosa, hay quien opina que san Gabriel de la Dolorosa no es un modelo para la juventud de hoy. En el mejor de los casos, este santo quedaría como santo milagrero y objeto de devoción local. Se confunde una vez más la imagen externa con la disposiciones interiores de las personas: se asocia a un santo con un hábito religioso, la vida retirada de un convento y el desinterés por las cosas del mundo. ¿Por qué en vez de pensar en esas imágenes estereotipadas de los santos, no pensamos en su amor por Jesús y su Madre? ¿Por qué no les imitamos en eso en vez de hacer análisis histórico-sociológicos?